La apuesta más peligrosa de Trump: una incursión para robar 450 kg de uranio enriquecido en Irán

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The Wall Street Journal revela que Washington contempla una operación terrestre para hacerse con el material nuclear iraní; analistas advierten que el plan es “fantasioso” y podría desencadenar una escalada incontrolada.

No es solo la isla de Kharg. No es solo abrir el estrecho de Ormuz. La opción que ahora circula en los pasillos del Pentágono es de una audacia que desafía cualquier cálculo militar convencional: incautar por la fuerza casi 450 kilogramos de uranio enriquecido en territorio iraní. The Wall Street Journal reveló que Donald Trump, aunque reconoce los graves riesgos para los militares estadounidenses, no descarta la operación. Es la escalada definitiva. Y los analistas la califican como algo “propio de las películas de Hollywood con Schwarzenegger”.

La discusión en Washington ha pasado de las operaciones navales a las terrestres. Primero fue la isla de Kharg, el corazón petrolero de Irán. Ahora, una opción aún más radical: incautar las reservas de uranio enriquecido que Irán ha acumulado durante años. Antes de los ataques de junio, se estimaba que el país disponía de más de 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento, además de casi 200 kilogramos con un nivel del 20 por ciento, material que puede llevarse a nivel apto para armas con relativa facilidad.

El problema clave, según reconoció el director general del OIEA, Rafael Grossi, es que se desconoce la ubicación exacta de estas reservas. Parte podría estar en Isfahán y Natanz, dos de los tres objetos que ya fueron atacados. Pero el resto podría estar oculto en minas profundas, almacenado en contenedores metálicos como hexafluoruro de uranio.

Marco Rubio ya había anticipado la idea. Ante el Congreso, el secretario de Estado declaró que “la gente va a tener que ir a por ellos”. La frase, que entonces pudo sonar a retórica, ahora adquiere contornos concretos.

La operación que describe el WSJ es una pesadilla logística. Fuerzas estadounidenses tendrían que desplegarse en el corazón de Irán, bajo amenaza de sistemas de defensa aérea, misiles y drones. Luego, asegurar el perímetro, mientras unidades de ingeniería buscan almacenes ocultos, desescombran y revisan el terreno en busca de minas y trampas. La etapa final requiere unidades especializadas para extraer material radiactivo en condiciones de combate.

Georgi Asatrian, experto del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú, no tiene dudas: el objetivo es “fantasioso”. “Si alguien piensa en desembarcar una tropa que vaya, encuentre esos lugares, los capture y mate a todos, eso es algo propio de las películas de Hollywood con Schwarzenegger, pero de ninguna manera de la realidad”, señaló.

Asatrian recuerda que el Ejército iraní supera a muchísimos países de la región y que la Guardia Revolucionaria cuenta con varios cientos de miles de efectivos. “¿De qué podemos hablar realmente?”, añade.

El analista Nikolái Nóvik advierte que la operación podría tener el efecto contrario al deseado. “En lugar de contenerla, podría acelerar el programa nuclear iraní, reforzando la motivación para fabricar armas”. Con unos 40 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento suficientes para un dispositivo nuclear primitivo, incluso una pérdida parcial del control sobre los materiales sería críticamente peligrosa.

Nóvik también señala el riesgo de una “escalada incontrolada”. Una operación terrestre ampliaría inevitablemente la magnitud del conflicto y aumentaría la probabilidad de respuestas asimétricas, incluidos ataques con misiles balísticos y de crucero. Además, Washington se enfrentaría a acusaciones de socavar los regímenes internacionales de no proliferación.

El experto cree que las especulaciones sobre la operación se asemejan más a una táctica de presión en las negociaciones que a una opción real. “El escenario militar cumple la función de instrumento de presión para subir la apuesta en las negociaciones, pero no es, en absoluto, la opción preferida”, concluye.

Trump contempla enviar tropas a buscar uranio en el corazón de Irán. La operación, si se intentara, sería de una complejidad y un riesgo que los analistas comparan con el cine de acción. Washington no sabe exactamente dónde están los materiales. El Ejército iraní tiene cientos de miles de soldados. Y las consecuencias de un fracaso serían catastróficas: una escalada incontrolada, un programa nuclear acelerado y el colapso de los regímenes de no proliferación. La opción está sobre la mesa. Pero los expertos advierten: hay escenarios de los que no se vuelve.

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