El presidente estadounidense declaró durante la carrera de huevos de Pascua que Irán “no tendrá nada” si no se rinde; en Truth Social advirtió que “el martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente”.
“Si pudiera elegir, ¿qué me gustaría hacer? ¡Llevarme el petróleo! Porque está ahí, listo para ser tomado”. La frase, dicha durante la tradicional carrera de huevos de Pascua en la Casa Blanca, fue tan explícita como grotesca. Donald Trump no solo amenazó con destruir Irán. Dijo que se quiere quedar con su petróleo. “Ganaría mucho dinero”, añadió. Y remató: si no se rinden, “no tendrán puentes, no tendrán centrales eléctricas. No tendrán nada”.
Las declaraciones de Trump no fueron improvisadas. Un día antes, había publicado en Truth Social un mensaje aún más explícito: “El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! Abran el jodido estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno. ¡Ya verán! Alabado sea Alá”.
La retórica del presidente estadounidense escaló en un fin de semana donde también lanzó un ultimátum de 48 horas a Irán para que abriera el estrecho de Ormuz. El plazo, según fuentes, fue aplazado. Pero la amenaza se mantiene.
Trump justificó su postura con el argumento nuclear. “Son unos lunáticos. Y no se pueden poner armas nucleares en manos de un lunático”, dijo. Pero la mención al petróleo —“está ahí, listo para ser tomado”— revela otro componente de la estrategia: el interés económico directo.
El presidente estadounidense pintó un escenario de destrucción total. “Odio hacerlo, pero lo estamos arrasando. Es que no quieren rendirse. No quieren tirar la toalla, como se suele decir. Pero lo harán”. Aseguró que a Irán no le quedará otra opción.
Trump también dijo que Estados Unidos tiene “muchas alternativas”. Una de ellas, afirmó, es retirarse ahora mismo. “Podríamos irnos ahora mismo, y les llevaría 15 años reconstruir lo que tienen”. Pero agregó: “Quiero acabar con esto”.
La amenaza a la infraestructura iraní no es nueva. En ultimátums anteriores, Trump ya había advertido sobre centrales eléctricas, pozos petrolíferos y plantas desalinizadoras. Pero esta vez la formulación fue más brutal: “No tendrán nada”. La referencia a los puentes sugiere que los ataques podrían apuntar también a la conectividad interna del país.
El elemento más crítico de estas declaraciones es la combinación de codicia y destrucción. Trump no solo habla de bombardear. Habla de apoderarse de los recursos. “Llevarme el petróleo” no es una frase hecha. Es una declaración de intenciones que, de ser ejecutada, equivaldría a una invasión con fines económicos.
La publicación en Truth Social con la frase “Alabado sea Alá” añade un componente de sarcasmo blasfemo que muchos en el mundo musulmán considerarán una provocación deliberada. Trump utiliza el lenguaje religioso del adversario para insultarlo.
El ultimátum de 48 horas, aunque aplazado, mantiene la presión. Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz. Los precios del petróleo se han disparado. La economía global está en vilo. Trump dice que quiere acabar con esto, pero sus palabras sugieren lo contrario: quiere destruir y llevarse el botín.
Trump dijo en la Pascua que se quiere llevar el petróleo de Irán. Dijo que el martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente. Dijo que Irán no tendrá nada si no se rinde. Publicó en Truth Social una amenaza con insultos y una invocación sarcástica a Alá. El ultimátum de 48 horas expiró. El estrecho sigue cerrado. La guerra, según el presidente estadounidense, podría terminar con Irán arrasado y Estados Unidos llevándose el crudo.
