Demócratas acusan a Hegseth de crímenes de guerra e impulsan su destitución

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Seis artículos señalan al secretario de Guerra por ataques sin aval del Congreso, bombardeo a una escuela en Irán y el escándalo de filtración en Signal.

No es una maniobra menor. Es un pliego de ejecución política.

La minoría demócrata en la Cámara de Representantes acaba de lanzar una ofensiva sin precedentes contra el secretario de Guerra, Peter Hegseth. Seis artículos. Abuso de poder. Crímenes de guerra. Delitos graves. La congresista Yassamin Ansar confirmó la presentación del documento, al que Axios tuvo acceso.

El dato más impactante no está en la política. Está en una escuela en Irán.

El segundo artículo del pliego, titulado ‘Violaciones del derecho internacional humanitario y ataques contra civiles’, detalla una operación específica: el bombardeo de una escuela de niñas en Minab. El saldo: más de 170 personas muertas, en su mayoría escolares. Hegseth, según la acusación, “autorizó, toleró o no impidió” esas acciones bélicas.

El punto de tensión es doble. Primero: las operaciones estadounidenses en Irán se habrían realizado sin la venia del Congreso. El primer artículo —’Guerra no autorizada contra Irán y puesta en peligro temeraria de miembros de las FFAA’— cuestiona justamente eso. Segundo: Hegseth habría aprobado “planes que implican un riesgo extremo e innecesario” para el personal y los intereses de EE.UU., incluyendo supuestas operaciones terrestres en suelo iraní.

La investigación interna que sugieren los demócratas no se detiene en Irán. También señalan ataques contra embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico bajo el alegato no comprobado de que eran operadas por narcotraficantes. Y agregan un patrón de conducta: Hegseth habría declarado que su país “no tendrá piedad ni compasión” con sus enemigos. Los impulsores del juicio político afirman que esa frase “suscita serias preocupaciones sobre violaciones de los Convenios de Ginebra”.

El tercer artículo mete el escándalo del ‘Signalgate’: Hegseth habría manejado información militar sensible y clasificada con “negligencia grave”, compartiendo detalles sobre ataques a los hutíes de Yemen a través de un grupo en Signal. Además, se le acusa de ocultar al Congreso información sobre bajas civiles y conducta operacional en Irán, Venezuela y otros escenarios.

Las acusaciones se extienden al terreno político: usar el cargo para influir en decisiones militares con fines partidistas, emprender “investigaciones falsas contra funcionarios electos” como represalia política, y socavar el principio de unas Fuerzas Armadas profesionales. También incluyen disputas con la OTAN y el fin de programas de inclusión de minorías.

La defensa de Hegseth no tardó. El secretario de prensa del Pentágono, Kingsley Wilson, calificó la iniciativa como “otro demócrata tratando de acaparar titulares” y aseguró que el Departamento de Guerra “logró de manera decisiva los objetivos del presidente en Irán”. “Otra farsa”, dijo, cuyo único propósito sería “distraer al pueblo estadounidense de los grandes éxitos”.

El contexto político, sin embargo, no favorece la destitución inmediata. La agencia valora que la medida tiene “apenas posibilidad de avanzar en esta legislatura”. Pero no es un gesto vacío. Es el tercer blanco demócrata en el gabinete de Trump: antes buscaron la salida de Kristi Noem y Pam Bondi. Ambas fueron apartadas. Ahora, Hegseth —envuelto en numerosas controversias— es el nuevo objetivo.

El Pentágono lo minimiza. Los demócratas lo elevan a crímenes de guerra. Y una escuela en Minab, con 170 niñas muertas, se asoma detrás de cada palabra del pliego.

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