
La mandataria mexicana pondera el eje económico de la APEC sobre la cita en Madrid, mientras alista un blindaje petrolero con Petrobras.
La diplomacia mexicana enfrenta un momento de definiciones estratégicas que podrían reconfigurar sus alianzas globales. Claudia Sheinbaum ha puesto en duda su asistencia a la Cumbre Iberoamericana en España, programada para noviembre, debido a una colisión de agenda con el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en China. La inclinación hacia el gigante asiático no es casual: México se prepara para asumir la sede de este foro en 2028, lo que otorga a la cita en Beijing un peso político y económico superior en la visión de la actual administración.
Mientras el nexo con el continente asiático se fortalece, la relación con España permanece en una zona de fricción histórica. A pesar de haber recibido formalmente la invitación por parte del canciller José Manuel Albares, Sheinbaum aprovechó el anuncio para traer al presente el distanciamiento provocado por la negativa española a ofrecer una disculpa por los agravios de la Conquista. La Presidenta calificó la reacción del gobierno español ante la solicitud del exmandatario López Obrador como un atropello no solo a la figura presidencial, sino a la identidad nacional, subrayando que su gestión no aceptará tratos que menoscaben la dignidad del país.
En contraste con la frialdad hacia Madrid, el eje con Sudamérica se calienta. Sheinbaum confirmó que el próximo destino en su agenda internacional es Brasil, con el objetivo único de sellar una alianza estratégica entre Pemex y Petrobras. El acuerdo, que busca unificar esfuerzos en exploración, biocombustibles y refinación, está siendo pulido por equipos técnicos de ambas naciones. Se espera que en mayo especialistas brasileños aterricen en México para finalizar el documento de entendimiento que será firmado personalmente por Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva en una visita relámpago de 24 horas.
Bajo la narrativa de que México es una potencia de valores que no se subordina a nadie, la mandataria reafirmó que la “Cuarta Transformación” ha restaurado la estatura del país frente a las potencias tradicionales. Esta postura sugiere que la ausencia en España podría ser más que un problema de horarios; es la consolidación de una política exterior que prioriza la cooperación energética regional y la relevancia económica en el Pacífico sobre los lazos coloniales históricos.