El expresidente planteó dos rutas al mandatario Rodrigo Paz: represión o transición con un jefe de Estado interino que convoque a urnas; mineros, campesinos y maestros ya exigen su dimisión
Dos caminos. Uno lleva a la sangre. El otro, a las urnas.
Evo Morales lanzó un ultimátum al presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, en medio de una crisis social que ya paraliza gran parte del territorio nacional. El exmandatario (2006-2019) fue directo en su programa de radio dominical. Las opciones, según su lectura, son excluyentes.
“Tiene dos caminos: una decisión suicida, militarizar, o (…) la pacificación, transición, elección en 90 días”, sentenció Morales.
El diagnóstico del exjefe de Estado es crudo. La militarización sería una salida fallida. La calificó como “suicida”. Del otro lado, la pacificación. Pero tiene condiciones. El primer paso, dijo, es que Paz dé un paso al costado. Luego, que un “presidente de transición” asuma el mando. Y que en un plazo de 90 días convoque a comicios generales.
El objetivo, según Morales, es claro: “Para que no haya muertos, para que no haya heridos”.
El telón de fondo de esta propuesta es un escenario de ebullición social. Sectores que antes respaldaban a Paz en las urnas han cambiado de bando. Mineros. Campesinos. Maestros. Muchos de ellos, según el texto original, apoyaron al actual mandatario frente al desgaste del Movimiento al Socialismo (MAS). Ahora son parte de las movilizaciones y bloqueos a escala nacional.
La protesta ha escalado. Ya no solo exigen medidas económicas o gremiales. El pedido ha subido de nivel: la dimisión del propio Rodrigo Paz.
Morales aprovechó su espacio radial para enmarcar la crisis como un momento de definición. La polarización entre represión o transición quedó planteada como una ecuación sin puntos medios.
El expresidente, que gobernó durante trece años y hoy lidera una facción del MAS enfrentada al actual gobierno, se posiciona nuevamente como actor central en la búsqueda de una salida. Su propuesta de 90 días no es un simple cálculo. Es un cronómetro.
El país, mientras tanto, permanece paralizado. Bloqueos. Movilizaciones. Y una pregunta que no se disipa: ¿elegirá Paz la militarización o aceptará la transición?
