La presidenta advierte sobre injerencia externa rumbo a 2027, respalda nulidad de elecciones por intervención extranjera y exige pruebas contra funcionarios.
Dos frentes. Una misma línea roja. La presidenta Claudia Sheinbaum fue contundente este jueves al abordar los casos de Chihuahua y Sinaloa. No son asuntos políticos, advirtió. Son asuntos de soberanía. Y México no será tratado como un objeto de golpeteo externo. “No somos piñata de nadie”, sentenció desde la Mañanera del Pueblo.
El primer escenario es Chihuahua. Allí, agentes estadounidenses participaron en la localización de un laboratorio de drogas. La Fiscalía General de la República ya investiga. Ha citado a diversos funcionarios, incluida la gobernadora María Eugenia Campos, para determinar si se cometió algún delito. Sheinbaum fue clara: cualquier actuación debe ocurrir con respeto a la soberanía y dentro del marco legal mexicano.
El segundo frente es Sinaloa. Estados Unidos ha señalado a funcionarios de esa entidad. Pero la presidenta puso un freno: si existen pruebas, deben presentarse ante las autoridades competentes. No se puede, advirtió, responsabilizar públicamente a personas sin elementos sólidos. Su gobierno no encubrirá a nadie, dijo, pero tampoco permitirá acusaciones sin sustento.
El mensaje de fondo tuvo un destinatario claro. “Más en un momento donde muchas veces cuando hay elecciones en Estados Unidos han querido utilizar a México para la elección”, subrayó. La frase no fue casual. Sheinbaum recordó que en el pasado hubo financiamiento externo con fines políticos y respaldó la reforma al Artículo 41 de la Constitución, recién aprobada por la Cámara de Diputados, que introduce una nueva causal de nulidad electoral por intervención extranjera.
La presidenta también miró hacia adelante. “Existe preocupación ante posibles intentos de injerencia externa rumbo al proceso electoral de 2027”, advirtió. Por eso, insistió en mantener la defensa de la soberanía y el respeto a las instituciones como principios centrales del Estado mexicano.
El cierre fue una declaración de principios en dos vías. “Colaboramos y nos coordinamos —dijo sobre la relación con Estados Unidos— y hasta ahora en muchos temas nos hemos colaborado muy bien”. Pero la colaboración, dejó claro, no es sumisión. “Cada quien a sus asuntos”, remató. La frase quedó flotando como un recordatorio: México investiga lo suyo. Y no recibe lecciones.
