Con 99.80% de mesas contadas, la diferencia apenas roza los 248 mil votos: arranca el escrutinio y estalla la denuncia.
El preconteo en Colombia dejó una señal inmediata y tensa: Abelardo De la Espriella aparece encaminado como ganador de la segunda vuelta, pero el país no termina de asentarlo. Con el avance de la contabilización preliminar, el margen que separa a ambos aspirantes se redujo a un umbral tan estrecho que el escrutinio ya no luce como trámite, sino como terreno decisivo.
Los números, aún en fase no validada oficialmente, ubican al candidato del movimiento Defensores de la Patria en 12 millones 953 mil 317 votos, equivalentes a 49.65%. Al frente cercano, Iván Cepeda —postulado por el Pacto Histórico— suma 12 millones 705 mil 116 sufragios, 48.70%. El 99.80% de las mesas contabilizadas por la Registraduría Nacional deja una diferencia de 248 mil 201 votos. No es una distancia amplia: es una brecha mínima, propia de un escenario donde cada revisión puede reordenar el resultado.
En ese contexto, el registrador nacional, Hernán Penagos, pidió mesura a la ciudadanía. Advirtió que todavía falta atravesar el escrutinio oficial para que los datos definitivos adquieran carácter vinculante. La cifra preliminar, por más contundente que parezca en el tablero, todavía está suspendida de una validación final que puede confirmar o alterar lo que hoy se observa.
La jornada electoral movilizó a una masa decisiva: más de 26 millones de votantes, sobre 41.4 millones de ciudadanos habilitados. En el fondo, el enfrentamiento fue la confrontación entre dos visiones políticas. Por un lado, Cepeda defendió la continuidad de las reformas sociales promovidas por el presidente Gustavo Petro, incluidos programas de apoyo social, reformas laborales y el curso de procesos de negociación con grupos armados. Por el otro, De la Espriella construyó su propuesta con énfasis en una línea de endurecimiento en seguridad, reducción del tamaño del Estado, disminución de impuestos y fortalecimiento de sectores extractivos.
Pero el giro llegó cuando el preconteo se hizo visible con claridad. Petro pidió que nadie se apresurara a declarar un vencedor definitivo. Señaló que, incluso con datos provenientes de la Registraduría, no corresponde proclamar presidente antes de que el escrutinio concluya. Su advertencia fue directa: no se puede establecer ganador definitivo con la información preliminar.
La tensión creció aún más cuando el mandatario denunció posibles irregularidades. Indicó que en algunas mesas existirían formularios electorales sin firmas de jurados. Esa circunstancia, según planteó, deberá revisarse durante el proceso de escrutinio, y eventualmente podría derivar en impugnaciones ante las autoridades competentes.
Cepeda, por su parte, reconoció el preconteo como un dato preliminar. Aun así, subrayó que no tiene carácter oficial ni efectos vinculantes. Desde su mensaje a simpatizantes, el candidato del Pacto Histórico sostuvo que su movimiento mantendrá la vigilancia del proceso. En paralelo, anunció que su equipo jurídico y miles de testigos electorales comenzaron la impugnación de cerca de 33 mil mesas en todo el país, con la idea de revisar una por una las actas y los resultados consignados.
El desenlace, entonces, no depende solo de lo ya contado: depende de lo que ocurra durante el escrutinio oficial. El país espera una definición que confirme la ventaja de De la Espriella o que, por medio de revisiones y verificaciones, cambie el escenario preliminar. Con una diferencia tan estrecha, el resultado final se convierte en una prueba de confianza institucional… y de consecuencias políticas inmediatas.
