México conserva exención arancelaria; EE. UU. cambia el  sustento legal a último momento

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El secretario Marcelo Ebrard asegura que no suben gravámenes, pero advierte que el ajuste jurídico ya estaba en marcha.

La presión arancelaria no creció… pero el tablero legal sí se movió, y el movimiento ocurrió justo cuando el reloj se estaba por cerrar. Marcelo Ebrard reportó que Estados Unidos no alteró los aranceles que se aplican a las exportaciones mexicanas, pese a que Washington publicó una resolución que sustituye el fundamento bajo el que impone gravámenes a 60 países.

La clave del impacto estuvo en la sincronía. La notificación del gobierno estadunidense apareció un día antes del vencimiento del plazo que tenía la autoridad estadounidense para definirla. Mientras otros esperaban el resultado final, en México ya se mencionaba el ajuste por la vía diplomática: Ebrard indicó que el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, adelantó la información a la presidenta Claudia Sheinbaum durante el encuentro celebrado en Palacio Nacional esa misma mañana. En otras palabras, el cambio no llegó como sorpresa total; llegó como confirmación de algo que ya estaba sobre la mesa.

Desde ahí, la conversación pasó del “qué” al “cuánto” y, sobre todo, a “a quién le toca qué”. Ebrard detalló que más del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas seguirá exento de arancel al cumplir con las reglas de origen del T-MEC. El mensaje es contundente: la mayor parte del flujo comercial mexicano no enfrenta un golpe adicional, aun cuando el documento estadounidense presente un giro en su base legal.

Pero el resto de productos sí enfrenta una capa distinta de cálculo. Sobre esa parte, el arancel permanece en 10 por ciento, con el mismo nivel que se aplicaba hasta ahora, aunque con un fundamento legal diferente. El contraste, sin embargo, se vuelve más tenso cuando Ebrard recordó que a otros países se les fijó una tasa mayor de 12.5 por ciento, mientras México conserva la proporción que ya tenía.

El contexto del anuncio también pesa: esto ocurrió en el marco de la tercera ronda de conversaciones bilaterales del T-MEC, realizada en Ciudad de México del 21 al 23 de julio. Delegaciones encabezadas por Ebrard y Greer avanzaron en temas como acero, aluminio, derivados y cadenas de valor, además de la sustitución de importaciones de Asia. Así, el episodio arancelario no se presenta aislado: se instala en un proceso de negociación más amplio, donde el costo comercial y la competitividad regional dependen de decisiones que se toman con velocidad y en tiempos acotados.

El punto de mayor tensión emerge en la naturaleza del movimiento: no fue una subida directa, pero sí una reconfiguración del soporte jurídico. Esa diferencia importa, porque define cómo se sostiene el cobro y cómo se interpreta el futuro para los socios incluidos en el universo de esos 60 países.

Finalmente, el cierre del capítulo no llega como pausa, sino como continuidad. Ambas delegaciones acordaron celebrar una cuarta ronda de conversaciones en la primera quincena de septiembre para seguir con la revisión del tratado. La Secretaría de Economía señaló que el propósito es fortalecer la seguridad económica y la competitividad de América del Norte. En el fondo, la señal es clara: aunque México mantiene la exención y el 10 por ciento se conserva para el resto, el terreno legal seguirá siendo un frente donde cada resolución puede alterar el ritmo y la presión del comercio.

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