La mandataria federal desestima pronósticos opositores y coloca los datos del INEGI como blindaje económico, mientras la inversión pública crece a dos dígitos.
El dato estalló como una réplica en la mañanera: la inversión total en México escaló 7.7 por ciento anual. No es un número menor. Detrás hay una columna vertebral que sostiene el discurso oficial: la inversión pública trepó 18.1 por ciento, y la privada, 6 por ciento. Claudia Sheinbaum no dudó en convertir esas cifras en un muro contra las predicciones conservadoras.
—No veo malos escenarios para México —sentenció la Presidenta, con la contundencia de quien esgrime números frescos del INEGI.
El contraste era inevitable. En la víspera, la oposición había sembrado dudas sobre el futuro inmediato, especialmente de cara al proceso electoral del próximo año. Pero Sheinbaum barrió el pronóstico adverso con un argumento de doble filo: reconocimiento popular y resultados de gobierno.
—Va muy bien el movimiento —insistió—. Hay reconocimiento grande por programas de bienestar, seguridad y economía.
La frase no fue casual. La mandataria hilvanó una narrativa donde cada dato del INEGI funciona como un ladrillo de un edificio político en construcción. Y recordó, con un tono que mezclaba certeza y advertencia, que ya había anticipado la reactivación económica para el segundo semestre, apalancada precisamente por los flujos de inversión pública y privada.
Lo que la Presidenta no dijo con todas las letras, pero dejó flotar en el aire, es que esos números operan también como un termómetro social. “Son esos resultados los que ve el pueblo y reconoce”, afirmó, cerrando el círculo entre estadística y apoyo ciudadano.
El escenario que pinta Sheinbaum es de blindaje. No admite resquicios. La inversión no solo crece: se acelera en el sector estatal a un ritmo de 18.1 por ciento, una cifra que en cualquier otra coyuntura sería noticia de portada. Y la inversión privada, aunque más modesta en su repunte, acompaña la curva ascendente.
La conferencia matutina se convirtió así en un ejercicio de anticipación: la Presidenta no esperó a que los números hablaran solos; los puso a hablar desde el atril. Con una dosis de ironía política, desestimó la “postura del conservadurismo” y cargó el acento en la continuidad.
—Recuerden que les dije —apuntó, como quien reclama memoria colectiva— que a partir del segundo semestre iba a repuntar la economía.
Esa frase operó como un guiño a sus seguidores y un recordatorio para los escépticos. La economía, según Sheinbaum, no solo está respondiendo: está validando la ruta trazada desde el inicio de la administración.
El cierre de su intervención fue un muro de contención verbal: “No veo malos escenarios para México”. La oración quedó suspendida, con peso de diagnóstico y de advertencia.
Los datos del INEGI, con su fría precisión, se convirtieron en el mejor blindaje de la mañanera. Y la Presidenta, hábilmente, los usó no como estadística, sino como relato.
