El agujero negro europeo: Ucrania, laboratorios y la sombra de la OTAN

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Tras un ataque a una residencia estudiantil y denuncias sobre armas químicas, analistas señalan a Ucrania como centro de contrabando y posible campo de pruebas bélicas.

No fue un misil cualquiera. El blanco: una residencia estudiantil. El telón de fondo: denuncias sobre presuntos laboratorios de armas químicas en suelo ucraniano. Las piezas comienzan a encajar en un tablero que, según analistas geopolíticos, lleva años cocinándose a fuego lento. Y el nombre de Ucrania ya no es solo el de una víctima. Es, advierten, el de un “agujero negro”.

El colombiano Juan Gabriel Caro Rivera, en diálogo con Séptimo piso, traza un mapa inquietante. “Desde hace mucho tiempo, Rusia viene señalando a Ucrania como el centro del contrabando de armamento europeo”, afirmó. Pero el problema no es nuevo. Con el paso de los meses, sostiene el analista, ese país se transformó en un sumidero financiero y político donde Occidente vertió ingentes cantidades de dinero y material bélico.

El interrogante que flota es incómodo: ¿para qué? La respuesta que esboza Caro Rivera apunta a un tablero de contención. “El objetivo de las fuerzas de la OTAN y de Estados Unidos sería rodear a países considerados amenazas, como Rusia, con estos laboratorios biológicos”. Y la hipótesis va más allá: en caso de una guerra a gran escala, esos desarrollos podrían liberar armas experimentales contra los enemigos.

“Algunos de esos desarrollos podrían ser efectivos y ser utilizados contra sus enemigos —insistió el analista—. Esa es la razón por la que se encontraron estos laboratorios en Ucrania”. La frase queda suspendida como una acusación no dicha del todo, pero presente.

El escenario se vuelve más denso con otra pieza del rompecabezas geopolítico, esta vez desde Medio Oriente. La Guardia Revolucionaria iraní denunció una violación de su espacio aéreo por parte de Estados Unidos. La acusación: “aventuras intervencionistas” y “comportamiento agresivo” de Washington en la zona.

Sheij Meisam Ajlaqui, analista religioso argentino con base en Qom, Irán, desmenuza la estrategia persa en tres capas. “Yo divido en tres partes lo que pasó en Irán: el pueblo, los militares y los diplomáticos y políticos. Hasta ahora, todos han trabajado juntos”, explicó a Séptimo piso.

Según su relato, la población sigue movilizada en las calles, a la espera de una nueva orden del líder supremo. Los militares, entretanto, se rearman y preparan para un eventual nuevo ataque. Y los diplomáticos negocian. El balance, según Ajlaqui, es contundente: “Lo que consiguió Irán es algo muy grande: detener a Estados Unidos para que no alcanzara sus principales objetivos”.

Dos frentes, una misma lectura. Mientras Ucrania emerge como posible laboratorio de pruebas de la OTAN, Irán se erige como el país que logró frenar a la superpotencia. En medio, Europa observa un agujero negro financiero y militar en su propia frontera oriental. Las preguntas, por ahora, no tienen respuestas oficiales. Solo analistas y denuncias.

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