Artemis: la laguna legal de 1967 que permite una carrera militar silenciosa en la Luna

0
47

Mientras la NASA presenta su regreso a la superficie lunar como una apuesta científica, el programa construye infraestructura dual con el Pentágono y desata una competencia por el control del espacio cislunar.

No es ciencia ficción. Es el Tratado del Espacio Exterior de 1967, y su letra chica está definiendo el nuevo tablero geopolítico. En él, no se prohíbe toda actividad militar en el espacio. Solo se vetan las armas de destrucción masiva y las bases militares en cuerpos celestes. El resto es un territorio gris.

Esa laguna jurídica es el piso sobre el que se levanta el Programa Artemis. Estados Unidos regresa a la Luna, pero el discurso oficial —apuesta científica, cooperación internacional— oculta una arquitectura más compleja. Porque lo que se está desplegando en la región que conecta la órbita terrestre con el entorno lunar es, en esencia, una infraestructura base.

Sistemas de navegación, redes de comunicaciones, logística de soporte. Elementos que, en términos estratégicos, funcionan como las rutas marítimas o las constelaciones satelitales: quien controla los nodos clave, controla el acceso. El concepto que ordena esta lógica se llama “conciencia del dominio espacial”, un término impulsado por las Fuerzas Espaciales de EE.UU. que apunta a una capacidad concreta: saber quién está en el espacio cislunar, qué hace y con qué herramientas cuenta.

El punto de tensión no es una declaración de guerra, sino la difuminación de los límites. La NASA mantiene acuerdos operativos con el Departamento de Defensa estadounidense en áreas como comunicaciones y monitoreo espacial. Es un modelo ya conocido: tecnologías nacidas en el ámbito militar que luego migran al uso civil. El GPS fue el precedente. Artemis podría ser la siguiente iteración.

En 2020, Washington presentó los Acuerdos Artemis. Decenas de países los han firmado. No son vinculantes, pero establecen reglas para la exploración y uso de la Luna. Una de ellas es clave: la creación de “zonas de seguridad” alrededor de instalaciones. El argumento es evitar interferencias. La lectura estratégica es otra: un mecanismo que puede traducirse en control territorial de facto sobre la superficie lunar.

Mientras tanto, otros actores no esperan. China y Rusia impulsan su propio proyecto de base lunar, fuera del marco de Artemis. El resultado es la formación de dos esferas de gobernanza espacial que replican las dinámicas de competencia que ya se observan en la Tierra. No es una carrera armamentista en el sentido tradicional del siglo XX. Es algo más sutil y, en muchos sentidos, más profundo.

Lo que está en juego no es solo el regreso a la Luna. Es la definición de las normas, la presencia y las capacidades en un territorio que aún no tiene dueño. Artemis, en ese sentido, no es una misión. Es el acta de nacimiento de una nueva etapa en la geopolítica del espacio.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí