La delegación de Estados Unidos ya está en México mientras las reglas automotrices, la sombra de China y el maíz transgénico tensan la mesa de diálogo en la Secretaría de Economía.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ya tiene a su equipo en la Ciudad de México. La confirmación la dio Marcelo Ebrard, secretario de Economía. Las reuniones formales comienzan este jueves y viernes. A las 9:00 horas. En las instalaciones de su dependencia.
No es una cumbre menor. Es el inicio formal de la revisión del T-MEC. Y lo que ocurra en estas 48 horas puede determinar el rumbo comercial de los tres países durante casi dos décadas.
El contexto es una bomba de tiempo geopolítica. Reglas de origen en el sector automotor, la creciente influencia comercial de China, y la seguridad económica de la región encabezan la lista de lo que está en juego. La tensión se respira.
La estrategia mexicana tiene un nombre: evitar incertidumbre. Ebrard lo anticipó en días recientes. La administración de Claudia Sheinbaum no quiere acuerdos apresurados que terminen hundiendo la competitividad nacional. El funcionario lo reconoció sin vueltas: esto será complejo. Hay demasiados intereses estratégicos sobre la mesa.
Detrás de las formalidades, el hueso es duro. El gobierno estadounidense exige endurecer los controles sobre inversiones y componentes vinculados con China. México, por su parte, busca reducir la dependencia de insumos asiáticos y fortalecer la integración productiva regional. Pero en el medio quedan temas enquistados: las diferencias sobre el sector energético mexicano y las restricciones al maíz genéticamente modificado siguen vigentes.
Jamieson Greer lidera la delegación estadounidense. Su enfoque es claro: reforzar la seguridad económica de Norteamérica. No es un negociador cualquiera. Su perfil sugiere que Washington no está dispuesto a ceder terreno fácil.
Sin embargo, México llegó a la mesa con un as bajo la manga. La Secretaría de Economía reportó una cifra histórica: 23 mil 591 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa en el primer trimestre del año. Un crecimiento del 10.4% respecto al mismo periodo de 2025. Los capitales vinieron de Estados Unidos, España y Canadá.
Para el gobierno mexicano, esos números hablan de confianza. Para los negociadores del T-MEC, son un argumento de peso.
El tratado tiene una cláusula Sunset que define su vigencia hasta 2042. Lo que se decida ahora no es un ajuste menor. Es la hoja de ruta para las próximas dos décadas de intercambio comercial en América del Norte.
Las sillas ya están ocupadas. La agenda, cargada. El tiempo, justo.
